¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por el puro placer de hacerlo? No para subirlo a tus redes sociales, no para añadir una línea a tu currículum, no para optimizar tu rendimiento ni para ver cómo impactaba en tu cuenta bancaria. Simplemente por el gozo de habitar el momento.
Si te cuesta recordar ese instante, no estás solo. Vivimos en la era de la hiperproductividad analgésica. Nos han inoculado la idea de que el tiempo es un recurso financiero: si no se monetiza, se está perdiendo. Un pasatiempo que no se puede convertir en un “ingreso extra” (side hustle) se etiqueta como un desperdicio. Si una carrera universitaria no garantiza un retorno de inversión rápido, se tacha de inviable.
Contra esta violenta tiranía del utilitarismo mercantil se rebeló el filósofo, profesor y escritor italiano Nuccio Ordine en su célebre manifiesto, “La utilidad de lo inútil”. Este libro no es una simple queja romántica; es un riguroso grito de guerra en defensa de la dignidad del espíritu humano.
Nuccio Ordine: El guardián de las Humanidades en la era del algoritmo
Para entender el origen de este manifiesto, es imprescindible conocer a su autor y el momento histórico en el que fue concebido.
Nuccio Ordine (1958–2023) fue uno de los filósofos, humanistas y críticos literarios más brillantes de nuestro tiempo. Profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria y profesor visitante en instituciones prestigiosas como Yale, París-Sorbonne y Oxford, dedicó su vida entera al estudio del Renacimiento y de figuras como Giordano Bruno. Su incansable labor pedagógica y su defensa de la cultura le valieron el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, poco antes de su fallecimiento.
El Contexto de la Obra: Un mundo en crisis de valores
Ordine no escribió La utilidad de lo inútil (2013) en un vacío académico. Lo hizo como respuesta directa a un contexto global profundamente hostil para el pensamiento libre:
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- La resaca de la crisis financiera de 2008: El libro se gesta en los años posteriores al colapso económico mundial. Europa y Occidente respondieron a la crisis con políticas de austeridad extrema, recortando presupuestos públicos precisamente en cultura, investigación científica básica y educación general.
- La llegada de la tecnocracia: Las decisiones gubernamentales empezaron a ser guiadas por tecnócratas que medían el éxito de un país únicamente a través de gráficos de rentabilidad y del Producto Interno Burto (PIB). Todo lo que no generaba dividendos inmediatos era considerado un gasto prescindible.
- La mercantilización de las aulas: Ordine fue testigo directo de cómo las reformas educativas europeas empezaron a tratar a las universidades como empresas. Vio con alarma cómo se asfixiaba a las facultades de filosofía, historia y literatura en favor de carreras puramente técnicas y corporativas.
Impulsado por la urgencia de frenar este desmantelamiento cultural, Ordine decidió estructurar este manifiesto. Su objetivo no era la nostalgia, sino encender una alarma: si la sociedad solo financia lo que produce dinero, terminará creando una masa de profesionales técnicamente perfectos pero humanamente vacíos.
1. La paradoja del agua y los diamantes: ¿Qué es lo realmente valioso?
La tesis central de Ordine es tan contundente como provocadora: las cosas más esenciales para nuestra supervivencia como sociedad son precisamente aquellas que el mercado financiero considera inservibles.
Para explicarlo, Ordine recurre a una vasta constelación de pensadores históricos (Platón, Aristóteles, Shakespeare, Baudelaire, Italo Calvino). El conocimiento posee una naturaleza ontológica radicalmente distinta a la de los bienes materiales de consumo:
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- Los bienes materiales son finitos y divisorios: Si tú tienes un euro y me lo das, tú te quedas sin dinero y yo lo gano. El objeto físico excluye al otro.
- Los bienes espirituales son infinitos y multiplicadores: Si tú tienes un conocimiento, una idea o un poema, y me lo compartes, tú no pierdes nada. Al contrario: el saber se duplica, se enriquece y crece en el acto de la entrega.
La literatura, la filosofía, el arte y la música no construyen puentes físicos ni aumentan el PIB de forma inmediata. Sin embargo, edifican algo mucho más delicado y prioritario: el tejido moral de la humanidad. Son las herramientas que nos enseñan a detectar la manipulación, a desarrollar la empatía hacia el sufrimiento ajeno y a cultivar un pensamiento crítico capaz de cuestionar al poder. Desmantelar estas disciplinas es condenar a la sociedad a un desierto espiritual.
2. La Universidad S.A. y la metamorfosis del estudiante en cliente
La sección más política y feroz del manifiesto apunta directamente al corazón del sistema educativo contemporáneo. Ordine analiza con dolor cómo las instituciones de educación superior han adoptado sin filtros el lenguaje y la lógica de la gestión empresarial.
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- Estudiantes-Clientes: A los jóvenes ya no se les invita a las aulas a buscar la verdad, a transformar su visión del mundo o a convertirse en ciudadanos éticos. Se les vende un producto. El diploma se ha convertido en una mercancía y la matrícula en el pago de un servicio de certificación laboral.
- Profesores-Burócratas: Los docentes ya no dedican su tiempo a la libre investigación o al acompañamiento pedagógico profundo. Pasan los días rellenando formularios de acreditación, persiguiendo índices de impacto artificiales y justificando la “rentabilidad” económica de sus departamentos frente a comités que solo entienden de números de rendimiento.
El peligro de este modelo es obvio: cuando la educación se convierte en una fábrica de mano de obra cualificada, se mutila la libertad de pensamiento. Se forman técnicos sumamente eficientes en su labor, pero analfabetos éticos y ciudadanos dóciles, incapaces de rebelarse ante las injusticias sistémicas.
3. La ciencia pura: Jugar a ciegas para cambiar el mundo
Un error común es pensar que la defensa de “lo inútil” es un asunto exclusivo de los poetas y los filósofos. Para derribar este prejuicio, Ordine incluye en su libro un apéndice extraordinario escrito en 1939 por el educador estadounidense Abraham Flexner, titulado “La utilidad de los conocimientos inútiles”.
Flexner demuestra de manera irrefutable que los mayores saltos tecnológicos, médicos y científicos de la historia de la humanidad nacieron de la libre curiosidad sin metas comerciales.
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- La electricidad y la radio: Científicos como Maxwell o Hertz no estaban intentando inventar un aparato de comunicación para venderlo en masa; estaban jugando con ecuaciones, tratando de entender anomalías magnéticas por puro placer intelectual.
- El peligro del pragmatismo: Si en el siglo XIX los gobiernos hubieran financiado únicamente proyectos con fines prácticos inmediatos, habrían puesto todo el dinero en fabricar mejores velas y carruajes más rápidos. Jamás habrían financiado los experimentos “inútiles” que dieron origen a la era eléctrica.
Cuando la ciencia se somete exclusivamente a los intereses de las patentes y los laboratorios farmacéuticos comerciales, se congela la investigación básica, que es la única capaz de generar las verdaderas revoluciones científicas del mañana.
4. Dignidad vs. Precio: Resistir a través de la belleza
En la última parte del ensayo, Ordine conecta la utilidad de lo inútil con el imperativo categórico de Immanuel Kant. El filósofo alemán explicaba que en el mundo existen dos tipos de cosas: las que tienen un precio (y por lo tanto pueden ser sustituidas por un equivalente económico) y las que tienen dignidad (aquello que está por encima de cualquier valoración monetaria y no admite sustituto).
El ser humano, el amor, la amistad, la justicia y la cultura no tienen precio; tienen dignidad. Cuando intentamos medir una relación amorosa en términos de costo-beneficio, o cuando evaluamos si “vale la pena” mantener abierto un museo según su taquilla diaria, estamos destruyendo su dignidad.
5. El gran reto contemporáneo: Gestionar la vida interna vs. la vida externa
Más allá del debate académico y político, la obra de Ordine nos empuja a una reflexión íntima y existencial. En esta sociedad profundamente materialista, hiperconectada y controladora, aprender a gestionar la frontera entre nuestra vida interna y nuestra vida externa se ha vuelto una necesidad imprescindible de supervivencia.
La sociedad actual ejerce un control absoluto a través de los marcadores de la vida externa:
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- El reconocimiento público (medido en seguidores, likes o estatus corporativo).
- Las propiedades y la acumulación de bienes materiales.
- El dinero como único termómetro del éxito.
- El trabajo concebido como la totalidad de nuestra identidad.
Si permitimos que nuestra existencia sea gobernada exclusivamente por estas métricas externas, nos convertimos en esclavos de un sistema que nunca se da por satisfecho. Siempre necesitaremos más estatus, más dinero y más rendimiento.
Frente a este control, la vida interna es nuestro único territorio soberano. Gestionar y alimentar ese espacio interior implica cultivar pasiones que el mundo exterior no puede fiscalizar: la meditación, la lectura silenciosa, la contemplación de la naturaleza, los vínculos humanos auténticos o la introspección. Mientras la vida externa nos exige ser productivos para otros, la vida interna nos exige ser fieles a nosotros mismos. Encontrar ese equilibrio no es un lujo; es el único escudo que tenemos para no disolvernos en el engranaje del materialismo moderno.
Conclusión: Un llamado a la disidencia interior
El mensaje que Nuccio Ordine nos dejó es un llamado urgente a la resistencia cultural. No podemos permitir que la lógica despiadada del mercado colonice las áreas más sagradas de nuestra existencia.
Leer un libro clásico, contemplar un cuadro en silencio, perder una tarde conversando de filosofía con un amigo o investigar un fenómeno científico por el simple hecho de saciar la curiosidad no es una pérdida de tiempo. En un mundo enfermo de prisa, rentabilidad y utilitarismo, cultivar lo deliberadamente inútil y blindar nuestra vida interna es el mayor, más revolucionario y más necesario acto de libertad.
¿Qué opinas de la visión de Nuccio Ordine? ¿Cómo logras tú equilibrar las demandas de la vida externa con el cuidado de tu espacio interior? Déjame tus reflexiones abajo en la sección de comentarios y cuéntame cuál es tu actividad “inútil” imprescindible para mantener la cordura.

